JUAN RULFO Y PASO DEL NORTE

Si a nosotros, los ciudadanos comunes, nos pidieran nombrar por lo menos tres escritores mexicanos tal vez uno de ellos seria Juan Rulfo, claro esto “yo no lo se de cierto pero lo supongo”. Solo le bastaron trescientas páginas para convertirse en El escritor mexicano. Trescientas paginas para ser una de las piedras fundacionales de la llamada literatura fantástica, pionero de un género por el cual han circulado nombres como Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Julio Cortazar y tantos mas que aplauden la obra de su colega Juan Rulfo. Escritor tan conocido y tan poco disfrutado por el común de los lectores. Nace el 16 de Mayo de 1917 en el Estado de Jalisco.

Producto de su amor por las letras surgen Pedro Paramo (1955) y El Llano en Llamas (1953). Este último es una reunión de cuentos aparecidos en las revistas literarias Pan y America donde imprime sus primeros textos, además de agregar los nunca antes publicados: “En la madrugada”, “Luvina”, “La noche que lo dejaron solo”, “Acuérdate”, “No oyes ladrar los perros”, “Anacleto Morones” y “Paso del Norte”. Si bien, en este ultimo pudiera sorprendernos que uno de los grandes escritores de habla hispana, dentro de su limitada y reconocidísima obra impresa haya invertido un poco de tinta y papel para esta región, habría que recordar que en su momento se le tenia por: uno de los “cuentistas jóvenes (que) ha penetrado el corazón del campesino de México” y en ese momento el “campesino de México” estaba viviendo la experiencia de la migración hacia los Estados Unidos bajo el auspicio del programa bracero siendo Cd. Juárez (antiguo Paso del Norte) uno de los puntos de mayor trafico hacia los Estados Unidos.

El cuento Paso Del Norte habla sobre ese debate entre el quedarse o “alcanzar la tierra de oportunidades”, abandonar familia, bienes, cambiar costumbres, cobijar nuevas esperanzas, conocer otras realidades. “Discute y analiza el espacio, el lenguaje, la relación de los personajes con la tierra y sus silencios poblados de voces, muertes y vidas que se alojan en sus historias”. No habla sobre el lugar en específico, sobre sus calles, sobre sus gentes es simplemente un nombre que aparece como bosquejo. Si bien este cuento formo parte de la primera edición de El Llano en Llamas (1953/ FCE/ Colección Letras Mexicanas) junto con: “Macario”, “Nos han dado la tierra”, “La Cuesta de las Comadres”, “Es que somos muy pobres”, “El hombre”, “En la madrugada”, “Talpa”, “El Llano en llamas”, “¡Diles que no me maten!”, “Luvina”, “La noche que lo dejaron solo”, “Acuérdate”, “No oyes ladrar los perros”, “Paso del Norte” y “Anacleto Morones” ya para 1970 se suprimió de la novena reimpresión de la colección Popular del Fondo de Cultura Económica para volver a reaparecer en edición de Biblioteca Ayacucho (1977) donde se le suprimieron 39 líneas y nuevamente reaparece en la colección Tezontle de 1980 (FCE) aunque se le suprimieron 17 líneas respecto a la primera edición de 1953.

El investigador Roberto García Bonilla en su trabajo “El Llano en Llamas una historia de sus escritura y publicación” anota acertadamente “Habrá que preguntarse si “Paso del Norte” no convenció estilísticamente a su autor; si al final deseaba desaparecer cualquier vestigio que vinculara, en su ficción, a la capital del país con la provincia, o si solo quiso evitar posibles repercusiones políticas. El dolor que le dejo la guerra y la muerte agitada e intempestiva del padre y muchos parientes, lo volvió cauteloso ante la Iglesia y el Estado.” Tal vez por eso el titulo del cuento Paso del Norte y no Ciudad Juárez tratando de desligar un lugar real y cualquier compromiso no deseado que pudiera surgir al referirse a un punto existente de la geografía nacional. Al final de cuentas es una obra tratando de buscar su propia esencia, como Pedro Paramo y Comala -guardando las respectivas distancias- es un autor deseando recrear un ambiente particular para la historia que puede ser común a otros lugares.

“Los cuentos que mas le satisfacían a Rulfo -anota Roberto García y anticipándose a cualquier suspicacia- eran: “Luvina”, “No oyes ladrar los perros” y “Diles que no me maten”. Este ultimo, al parecer, es el que mas le gustaba”.

Sin embargo como juarense en lo personal agradezco a Juan Rulfo que en los pocos renglones que permitió al mundo conocer de su obra halla dejado que el nombre de Paso del Norte se colara a la historia de la literatura universal y sobre todo hispana para permanecer allí en espera de nuevos lectores, en ese libro sobre el que Edmundo Valades dijera que “quema las manos”. Al final de cuentas habría que reconocer que para muchos lectores Paso del Norte pueda ser tan solo un punto en la geografía imaginaria del autor; sin embargo para nosotros los juarenses es un nombre que llena de orgullo nuestro corazón.

Gracias Juan Rulfo.

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