Ser Norteño
Alfredo Jaime Cerda

En esta ocasión me permito presentar un texto de Alfredo Jaime Cerda, escritor originario de Ocampo Coahuila. En 1963 bajo el cobijo de la editorial Costa Amic imprimió su libro “El Tío Catarino –Un Quijote del desierto-. En el contiene una estampa nostalgica de lo que es ser norteño; norteño del campo, de aquel México que parece lejano y sin embargo esta tan presente en nosotros. Aunque lo escribió basado en sus vivencias en el desierto Coahuilense, bien se aplica a nuestra región que también es desierto y a la vez Norte. Presento aquí un extracto que bajo el titulo de “Norteño Puro” forma uno de los capítulos del mencionado libro.



Ser norteño es levantarse con el sol y acostarse después de la faena…Saber de tempestades y fuertes calores, conocer el valor de la tierra y amar cada gota de agua, es llevar en las venas la savia norteña.

Consagrar el esfuerzo de los brazos familiares al pedazo de tierra “Temporalera”, reforzar la besana con el sudor de la frente y sentarse a comer el producto en la unción del hogar frente a una chimenea de brasa de mezquite seco, es tener fibra norteña. Amar el desierto sabiendo el tesoro que entraña y trabajar sin grilletes, es ser producto de esos terrones y de esas arenas.

Vestir bien donde no hay tiendas de ropa, desconocer los andrajos donde no se siembra algodón, ni telares existen y saber calzar desde los primeros pasos, eso es vivir en costumbre del Norte.

Domar una bestia y saberla cuidar… andar a caballo y guarnecer el carro de tracción animal es un diario trajín donde el vicio es el trabajo.

Ser tan fuerte como alto, tener manos callosas, calzar buenas botas y tener un buen sombrero de anchas alas… eso es ser norteño.

Brindar amistad y espantar la miseria son cosas de allá. La tortilla de harina de trigo y la carne abundante, alimentos principales son en la dieta del llano.

Escribir, leer y soñar son cosas que se aprenden bajo el sol y a muy temprana edad sin importar que no haya escuelas, no cabe el analfabeta en lo inmenso del desierto, porque allí la educación se mama y la instrucción se obtiene de los adultos.

La mentira se persigue como la cascabel y la verdad impera en los labios del norteño, que solo sabe lo que es.

Impera el respeto Juarista por lo ajeno, se ofrece, no se roba, ni se pide, es la ley de los monteros.

Santuario de energía, de amor y de respeto es el hogar.

Ser norteño es saber ser esposo, saber ser padre, saber ser ciudadano.

Canta con el alma, la armonía es la quietud y la belleza de la paz, no hay ruidos sino notas de silencio; el corrido es la prolongada y bella expresión ante la inmensa soledad, porque se expresa en un trino, el calmado viento, las arenas y el infinito azul del cielo, en ello se envuelve la trama de la pasión y el amor de los hombres y sus caballos de los llanos.