LA PROMESA

Cada año desde hace mucho tiempo, los creyentes en nuestra ciudad acuden a la celebración de San Lorenzo, las torres de la iglesia parecen rasgar el cielo azul de nuestra frontera, los danzantes son pieza fundamental de las festividades.

Según cuentan los que fueron testigos, hubo un año en que se dio una historia que aun al ser escuchada causa dolor y emoción, aquel año como es tradición los habitantes de estas tierras acudieron a la iglesia, en aquellas fechas el camino era muy largo y de terracería, San Lorenzo era una población que quedaba a las afueras de Ciudad Juárez y de hecho, quienes acudían hasta aquel lugar pasaban la noche alrededor del templo.

Entre todos aquellos que fueron a entregar sus oraciones así como para hacer sus peticiones al santo patrono había un joven campesino, uno de tantos que trabajaban la tierra en las fechas en que el oro blanco (algodón) era una de las grandes riquezas de nuestra bella región.

Aquel joven hombre tenia pocos años de haberse casado, la ceremonia religiosa se había dado en la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, todo fue alegría, y la pareja emprendió el camino de la vida de los enamorados.

Al tiempo recibieron un regalo de Dios, se trataba de un bebe barón, el Campesino se lleno de alegría al escuchar el primer llanto de su niño, el recién nacido poco a poco fue dando muestras de que no todo estaba bien, una extraña enfermedad hizo presa al bebe, y es por ello que en la celebración de San Lorenzo su padre le llevo al templo, pidió al San Lorencito que le curara  a su niño y le llevo algunas veladoras para alumbrar el altar, la promesa del campesino, fue que si su niño se curaba, el año próximo iría al templo y danzaría con su criatura en brazos.

La fe es mucha y siempre ha sido rasgo de la gente de nuestra tierra.

Pasaron los meses, y se llego la fecha, las fiestas alegraban llenando de color el templo, los fieles acudían por los caminos de terracería al lugar.

Aquel día fue visto el campesino, llevaba a su muchachito en brazos, fue a cumplir su manda, fue a presentar sus respetos a Dios.

Danzo con su muchacho en brazos, solo que el cuerpecito estaba inmóvil, el niño había fallecido aquella mañana, aun así, el hombre entendió que Dios tenia ya escrito el camino, y lo que fuera su voluntad era lo que de debía suceder, fue por ello que acudió a pagar la manda, cumplir con la promesa y dar gracias a Dios, por lo que nos ha tocado vivir, pues el orden de las cosas esta hecho así por una razón superior.